La independencia del Perú fue un capítulo fundamental en las guerras de independencia hispanoamericanas.
Fue un proceso histórico y social que abarcó todo un periodo de revoluciones y confl ictos bélicos, los cuales propiciaron el surgimiento en 1821 de la República Peruana como un Estado independiente de la dominación española, finalizada en 1824, y de la ocupación bolivariana, que acabó en 1827.
Este resultado fue producto de la ruptura política y la desaparición del Virreinato del Perú, impulsadas por la convergencia de las corrientes libertadoras de América.
Los antecedentes más remotos de un afán revolucionario pueden rastrearse desde la misma creación del Virreinato del Perú hasta bien entrado el siglo XVIII.
A lo largo del periodo colonial, algunos movimientos derivaron en auténticas rebeliones.
La sangrienta rebelión de Túpac Amaru II, aunque no fue la primera ni la última, sí fue la más importante y culminó en una violenta represión por p arte de las autoridades virreinales.
Este levantamiento estalló en respuesta a las reformas borbónicas, y fue la primera vez que los documentos virreinales usaron el término “insurgentes”, además de que un movimiento proclamó la abolición de la esclavitud en el Perú.
Sin embargo, existe debate sobre si la finalidad de esta rebelión era realmente la independencia o una revolución del orden social virreinal.
A inicios del siglo XIX, como parte de su estrategia de Bloqueo Continental, Napoleón Bonaparte forzó a los monarcas españoles Carlos IV y su hijo Fernando VII a abdicar en su favor, entregando luego la Corona española a su hermano, José Bonaparte.
Esto provocó un levantamiento en España y el establecimiento de juntas de gobierno en varios territorios de España y América, que se disputaron la hegemonía sin alterar el orden virreinal.
Durante este periodo, el virrey Abascal convirtió al Ejército Real del Perú y al virreinato peruano en la base de la contrarrevolución contra los movimientos independentistas en Charcas, Quito, Chile y el Río de la Plata.
En este contexto, surgieron las primeras rebeliones autónomas en el Perú, infl uenciadas por la revolución rioplatense, que provocaron múltiples levantamientos en Tacna, Huánuco, Huamanga, Cuzco, Apurímac y otras regiones.
Sin embargo, estos esfuerzos no lograron alcanzar la independencia del país, aunque las montoneras peruanas mantuvieron una guerra de guerrillas hasta la llegada de las corrientes libertadoras de América del Sur.
En 1820, la rebelión de la Grande Expedición de Ultramar eliminó la amenaza de invasión sobre el Río de la Plata y Venezuela, permitiendo la llegada al Perú de las corrientes libertadoras de América del Sur.
La Expedición Libertadora del Perú, liderada por el general argentino José de San Martín, desembarcó en las costas peruanas procedente de Chile.
Los realistas abandonaron Lima y se fortifi caron en el Cuzco, mientras que San Martín proclamó la independencia del Estado peruano el 28 de julio de 1821.
Bajo su Protectorado se estableció el primer Congreso Constituyente del país.
La guerra de Maynas logró emancipar el oriente peruano en 1822. Sin embargo, ante el estancamiento del confl icto y el decepcionante resultado de la Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, San Martín se vio obligado a retirarse del Perú.
La joven república continuó una guerra de resultado incierto contra los reductos realistas en el interior del país, lo que propició la llegada de Bolívar y la corriente libertadora del norte, liderando el Ejército Unido Libertador del Perú.
Finalmente, en 1824, la rebelión del Alto Perú quiebra el bastión realista de la sierra, y con las batallas de Junín y Ayacucho se selló la capitulación del ejército realista y el fi n del Virreinato del Perú.
Tras la independencia del Perú, en abril de 1825 concluyó la campaña de Sucre en el Alto Perú. En noviembre de ese mismo año, México obtuvo la capitulación del castillo español de San Juan de Ulúa en Veracruz. Posteriormente, en enero de 1826, cayeron los últimos reductos españoles en el Callao y Chiloé. El Perú obtuvo su soberanía plena tras el fi n de la infl uencia de Bolívar, se descartó el proyecto de Federación de los Andes y la última guarnición grancolombiana entregó la Fortaleza del Real Felipe el 16 de febrero de 1827.
En la década siguiente, en 1836, España renunció a todos sus te rritorios continentales americanos.
Más allá de las emancipaciones, el Perú envió tempranamente a sus primeros cónsules a España, desde 1840. En 1865, la reina Isabel II recibió las credenciales del cónsul peruano Domingo Valle Riestra, quien obtuvo de facto el reconocimiento de la independencia del Perú. Sin embargo, el estallido de la guerra hispano-sudamericana en 1865-66, que enfrentó a España y varios países sudamericanos, interrumpió los
acuerdos hasta la fi rma del armisticio en 1871. Finalmente, en 1879, España y Perú suscribieron el Tratado de Paz y Amistad.
Los resultados de la emancipación fueron desiguales. En el ámbito político se consumó la ruptura con España, pero en los demás aspectos se agrav ó la dependencia de los imperios británicos y estadounidenses.
En lo social, el despojo de tierras a los indígenas se acentuó durante la era republicana.
Aunque esta población obtuvo la ciudadanía con el nacimiento de la república, el 27 de agosto de 1821, y previamente había conseguido plena c iudadanía en la monarquía española mediante las Cortes de Cádiz el 19 de marzo de 1812, los indígenas continuaron siendo tratados de forma inhumana hasta bien entrado el siglo XX.
Hoy en día, el país sigue trabajando por construir una sociedad verdaderamente democrática, donde se garanticen y respeten plenamente los derechos de todos los peruanos.


